El presidente de EE UU aprovecha el ataque a dos guardias nacionales en Washington para radicalizar su agenda y dice que expulsará “a cualquiera que no sea un activo” para el país

Mientras Estados Unidos —o, al menos, la inmensa mayoría de estadounidenses que celebra la fiesta de Acción de Gracias— hacía este jueves la digestión del pavo, su presidente, Donald Trump, envió al filo de la medianoche (hora de Florida) dos largos mensajes concatenados en su red social, Truth. En ellos felicitaba por la fiesta a todos sus compatriotas que han sido “tan amables”, escribió, que han permitido que la inmigración “divida, desorganice, asesine, golpee y asalte” Estados Unidos, “junto con otros países insensatos del mundo, Políticamente Correctos y ESTÚPIDOS”.

También, en una nueva vuelta de tuerca a la retórica xenófoba del ideario MAGA (Make America Great Again), Trump prometía “detener permanentemente la migración de todos los países del Tercer Mundo” y “expulsar a cualquiera que no sea un activo útil para Estados Unidos”. No estuvo inmediatamente claro a qué países se refería, ni qué entiende el presidente de Estados Unidos por “tercer mundo”, un término, por lo demás, obsoleto.

Trump escribió esos mensajes desde su mansión de Mar-a-Lago, en Palm Beach (Florida), adonde se había desplazado el día anterior para pasar el largo fin de semana festivo. Horas antes, durante un encuentro virtual de motivación con miembros de las Fuerzas Armadas estadounidenses, confirmó la muerte de una de los dos guardias nacionales atacados el miércoles a plena luz del día en el centro de Washington, a un par de calles de la Casa Blanca. El sospechoso es un ciudadano afgano de 29 años, llamado Rahmanullah Lakanwal y llegado a Estados Unidos tras la caótica salida de las tropas de Kabul en el verano de 2021.