La firma sevillana busca expandirse fuera de Europa tras comprar la empresa suiza Mibelle
Muy probablemente, los clientes que a diario se pasean entre los lineales de los supermercados dedicados al cuidado del hogar no saben que buena parte de los productos que allí se muestran se elaboran en Sevilla, en la fábrica de Persán, una multinacional cuya esencia familiar es irrenunciable. Ahí radica buena parte del éxito de esta compañía —además de en una “pizca de suerte”, como reconoce
rsidad-y-factura-423-millones.html" data-link-track-dtm="">Concha Yoldi, su presidenta e hija del fundador, José Moya—, que ha superado la barrera de los 1.000 millones de euros en facturación, un hito que para la empresa nunca ha supuesto un fin en sí mismo, sino la consecuencia de expandir y adaptar su negocio en las sucesivas adquisiciones de otras sociedades que, en su afán de internacionalización, les han llevado a dar el salto a Estados Unidos y a América Latina de la mano de a la reciente adquisición de la suiza Mibelle, especializada en cuidado personal. Persán, como incide su consejero delegado, Antonio Somé, “se ha hecho mayor de edad en las capacidades de expandir su modelo”.
El ejecutivo destaca tres pilares de su gestión: la digitalización, un proceso asentado en la empresa; la sostenibilidad medioambiental, una obsesión que acompaña cada uno de los pasos que ha ido dando la multinacional desde su fundación, en 1940, y la estabilidad financiera —alcanzada en los años noventa—.







