El impacto acumulado de la espiral de precios desde 2021 ha sido superior en unos tres puntos para las familias con menor poder adquisitivo, según EsadeEcPol

La inflación puede entenderse como un impuesto más, pero con rasgos muy peculiares. Cada subida de precio es silenciosa —nadie la anuncia, no aparece en la nómina ni se somete a votación— y su impacto suele ser regresivo: proporcionalmente, golpea más el bolsillo de quien tiene menos recursos. Los datos de 2025 lo corroboran. El enca...

recimiento de los alimentos tuvo el doble de repercusión en los hogares pobres que en los ricos, por el mayor peso que los comestibles tienen en su cesta de la compra. Si se considera la inflación total acumulada desde 2021, año en el cual los precios empezaron a recalentarse, las familias de menor poder adquisitivo vuelven a llevarse la peor parte: encajaron un golpe casi tres puntos superior a quienes se encuentran en la parte más alta de la distribución, según un informe publicado por el centro de estudios EsadeEcPol.

Los precios empezaron a descontrolarse al salir de la pandemia por el desajuste entre demanda y oferta que se generó tras largos meses de confinamientos. Y, con una economía ya caliente, la invasión rusa de Ucrania asestó el golpe definitivo. La inflación alcanzó cifras de doble dígito en 2022, niveles que no se veían desde los ochenta en plena resaca por la segunda crisis del petróleo. Desde entonces, y tras la adopción de múltiples medidas de alivio por parte de la Administración —descuentos en el transporte, rebajas fiscales—, la espiral se ha contenido. El pasado diciembre, último dato disponible, el IPC (Índice de Precios al Consumo) cerró en el 2,9%, un resultado que indica que la inflación se va moderando, aunque ha dejado huellas, que son más profundas para quien más malabares tiene que hacer con su presupuesto familiar.