Los establecimientos cambiaron las etiquetas al doble de velocidad durante la crisis inflacionaria que siguió a la pandemia, según un estudio del Banco de España y el BCE
Ir a comprar al supermercado se convirtió entre 2021 y 2024 en una actividad sensible para el bolsillo y, sobre todo, en un desafío para la memoria. Durante décadas, los consumidores españoles vivieron en una balsa de aceite en la que las etiquetas de los estantes eran bastante estables. Pero la crisis inflacionaria rompió ese contrato no escrito al...
provocar que los precios aumentaran casi al doble de velocidad de lo que era habitual en tiempos de estabilidad.
Un reciente informe del Banco de España y el Banco Central Europeo, que analiza 190 millones de precios en diferentes países europeos, confirma lo que todos los hogares sospechaban en la cola del súper: las empresas empezaron a cambiar sus precios a una velocidad nunca vista, transformando la percepción del coste de la vida en una especie de inquietud colectiva que persiste a día de hoy, a pesar de que los datos macroeconómicos digan que lo peor ya ha pasado (la inflación en febrero, según el dato oficial divulgado este viernes, permaneció estable en el 2,3%). Según este análisis, en los momentos más duros de la crisis inflacionaria, se duplicó la probabilidad de que el consumidor encontrara un nuevo precio en cada visita al súper.






