Las tablas ante el equipo turco obligan a los rojiblancos a ganar ante el Bodo Glimt para buscar estar entre los ocho primeros
Bajo la atmósfera caldeada del Ali Sami Yen, el Atlético firmó un empate infernal ante el Galatasaray que le obliga a ganar en la última jornada al Bodo Glimt en el Metropolitano, y a poder ser con una renta holgada para mejorar su diferencia de goles en la tabla, si quiere colocarse entre los ocho mejores de la liguilla de la Champions y evitar la ronda de dieciseisavos. Y pudo ser peor si Oblak no hubiera hecho una parada antológica a remate a bocajarro de Sané en el descuento que hubiera deshecho el empate a uno de un partido con más metralla que juego certero.
La atronadora acústica exigía futbolistas de una pieza preparados para una batalla tan física como plagada de duelos individuales. Peloteros a los que no se les encogiera el pie y no se les bloqueara. Y no hay mejor manera de acallar una caldera tan pasional como con un par de toques precisos y afilados. Los tuvieron Llorente y Barrios para que Julián Alvarez diera el primer aviso con un disparo alto. El siguiente ataque del Atlético ya fue definitivo. Davinson Sánchez midió mal el bote de una pelota y se la dejó franca a Almada. A la izquierda del argentino se desplegaba Ruggeri. El lateral italiano puso una rosca templada en el segundo palo que remachó con la testa Giuliano sin oposición. La comba medida de Ruggeri supuso su primera asistencia como rojiblanco tras una multitud de pases en lo que va de temporada que no casaban con los informes del club que dicen que su especialidad son los centros al área, incluso con oposición.







