En los actos por el aniversario de la adhesión de España a la UE se pidió más Europa, más unidad, mejor democracia... Palabras y principios tan bonitos como frágiles
Los asistentes a este pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo permanecían puestos en pie este penúltimo miércoles de enero. La presidenta del Parlamento, Roberta Metsola, había pedido un minuto de silencio por
target="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2026-01-20/la-noche-del-dolor-absoluto-para-las-familias-me-desmaye-al-saber-que-no-quedaban-mas-heridos.html" data-link-track-dtm="">el accidente de tren en Ademuz por el que han fallecido 43 personas. Hasta que fue interrumpido por el leve quejío de un bebé de apenas un par de segundos. Que no fue llanto, ni grito, sino más bien una fe de vida. Pueden sacarse conclusiones ahí, quizá, aunque lo más seguro es que se cayera en una cursilería impropia en un día de luto. Fue una casualidad, y punto. Y sonó bonito. Y se repitió después en al menos un par de ocasiones.
Inmediatamente después vinieron los discursos, con sus pertinentes condolencias, agradecimientos y declaraciones de intenciones. Se pidió más Europa, más unidad, más valores, mejor democracia. Conceptos muy parecidos a los de otras intervenciones previas a este día, que se celebra el 40 aniversario de la adhesión de España y Portugal a la Unión Europea. Palabras y principios tan bonitos como frágiles, tan puestos en duda, y sobre todo en estos días, o más bien en estos años.






