Desde los fascismos del siglo XX, no tenemos referentes en Occidente de alguien como Trump, un hombre sin límites con un inmenso poder que una parte de las instituciones de Estados Unidos ya no puede o quiere detener

La justificación de Donald Trump para invadir Venezuela y secuestrar al dictador Nicolás Maduro fue el narcotráfico. Como se sabe, Trump ya se ha olvidado del asunto y ha asumido públicamente su interés por el petróleo (y otros recursos) del país amazónico, con el objetivo de controlar el continente y dificultarle el acceso a China. Ahora Trump se centra en Groenlandia. Pero hay una imitación que no pu...

ede descartarse en esta falsa justificación del crimen organizado. Trump se comporta como el líder de un cártel: invade y domina por la fuerza territorios que no le pertenecen e ignora las leyes para tener acceso y controlar lo que pertenece al pueblo, en Venezuela y quizás en breve en Groenlandia. Y, claro, mantiene las apariencias de que las instituciones y los gobiernos siguen funcionando al garantizarles a los agentes públicos locales los beneficios de la corrupción. Es exactamente lo que hace el crimen organizado.

El peligro de que el presidente del país más poderoso del mundo, aunque con menos poder que en el pasado, se comporte como el jefe de una organización criminal es mayor de lo que conseguimos dimensionar. El mejor ejemplo es la respuesta que ha dado al primer ministro de Noruega: como el país le negó el Nobel de la Paz, ya no se siente obligado a buscar la paz. Es difícil vincular una declaración como esta a un líder con poder atómico que empieza a avanzar sobre el mundo como si fuera un juego —y sospecho que para él lo es—. Creo que si el cerebro no nos “protegiera”, como suele hacer ante los horrores, ya nadie conseguiría dormir en este planeta. Porque es para no dormir.