África, donde la generación de residuos puede multiplicarse por cuatro de aquí a 2060, no se queda de brazos cruzados frente a este drama medioambiental e iniciativas locales intentan convertir el problema en oportunidad
En la colina de Badalabougou, justo al lado de la universidad de Bamako, humea una inmensa montaña de residuos. Familias enteras revuelven entre los desechos para encontrar cobre, enseres, plástico o madera que se pueda aprovechar de alguna manera. En el centro de la ciudad, los canales de aguas pluviales están colapsados por las bolsas de plástico, lo que contribuyó a la gravedad de las inundaciones del verano de 2024, cuando 31.000 casas fueron arrasadas por las aguas en todo Malí. A sus 28 años, Sabou Doumbia, ingeniera informática, adquirió pronto la conciencia del enorme desafío al que se enfrentaba su ciudad y su país si no eran capaces de afrontar la problemática de los residuos en general y del plástico en particular. Fue entonces cuando decidió transformar este problema en oportunidad.
Por ello, en 2019 puso en marcha un proyecto de triaje de la basura domiciliaria. “Vale, muy bien, separamos la basura. Otros materiales se podían aprovechar, pero la gran cuestión era qué hacer luego con todo ese plástico”, asegura. Para responder a esta pregunta surgió Ecobuild, una pequeña empresa con la que empezó a fabricar adoquines de plástico reciclado. A finales de 2023 ya tenía un local y una pequeña máquina trituradora en el barrio de Baco Djicoroni, desde donde se trasladó a Faladié. Aquí, el reto es el acceso a la electricidad, que se ha agravado este año con el bloqueo a la entrada de combustible por parte de los grupos yihadistas. “No siempre hay luz, por eso mi siguiente paso es instalar paneles solares”, dice.






