El Distrito de Arte de Kibera (KAD), una iniciativa popular nacida en un asentamiento informal, ha transformado tanto la arquitectura como la realidad de sus habitantes mediante el arte, la educación y la reutilización de materiales con fines artísticos
En medio del mar ocre de tejados de chapa que cubre Kibera, uno de los asentamientos informales más grandes de África, situado a siete kilómetros al suroeste de Nairobi (Kenia), hay un edificio que llama la atención: es el único pintado de blanco y con dos plantas. En su fachada se lee HOF Gallery (Galería Casa de Amigos). Es el corazón del Distrito de Arte de Kibera (KAD, por sus siglas en inglés), un proyecto que busca transformar uno de los barrios más estigmatizados del continente a través del arte y la creatividad.
Desde una de las ventanas del edificio, el artista visual Santana Sino, miembro del equipo directivo del proyecto, observa el ir y venir de los visitantes. “Los que llegan suelen tener ideas preestablecidas sobre lo que van a encontrarse en un asentamiento informal. Desde el KAD queremos cambiar esa percepción y mostrar que aquí también hay un talento que vale la pena”, explica. Su trabajo, junto al de decenas de jóvenes artistas, ha convertido las calles del barrio en un museo al aire libre, donde se multiplican los espacios para la educación artística y la producción y exhibición de obras, tanto para artistas emergentes como para la comunidad en general.






