Los gestos de apertura apuntan en una nueva dirección, pero los expertos dudan de que se esté gestando un cambio hacia la democracia
La pregunta flota en las calles de Venezuela desde hace dos semanas, pero sigue sin una respuesta clara: ¿el país atraviesa una transición política o apenas asiste a un reacomodo del poder? ¿Se abre un camino hacia la democracia o se trata de un espejismo alimentado por gestos parciales? El relevo abrupto de Nicolás Maduro, la liberación de centenares de presos políticos y algunos signos de distensión han activado expectativas dentro y fuera del país. El término “transición” reaparece en discursos, análisis y titulares, aunque persiste la duda sobre si describe un proceso real o solo un momento histórico todavía indefinido.
La hoja de ruta que Washington comenzó a esbozar tras el ataque prioriza primero la estabilización, luego la recuperación económica y deja la transición política para una etapa posterior, sin fechas ni compromisos. Si llega, parece una promesa lejana. Los seis expertos consultados por EL PAÍS coinciden en que este es un momento histórico, pero discrepan sobre su alcance y su final.
Desde una mirada estricta sobre los estándares democráticos, el diagnóstico de los analistas es pesimista. Para Phil Gunson, en la Venezuela actual no están presentes los indicadores mínimos que suelen marcar el inicio de una transición. El investigador senior de Crisis Group reconoce la importancia de la excarcelación de un número importante de presos políticos, pero recuerda que centenares siguen detenidos y que decenas de ellos permanecen en condición de desaparición forzada porque ni siquiera se sabe dónde están recluidos. A ello, advierte, se suman las restricciones a la libertad de prensa y de asamblea, la ausencia de Estado de derecho y la falta de instituciones independientes. “El Gobierno de Delcy Rodríguez sigue pautas de Washington, pero la administración Trump prioriza la reforma económica y posterga la transición política. Sin voluntad de apertura en Caracas, todo dependerá de Estados Unidos y de una oposición venezolana débil, dividida y dispersa”, lamenta.






