Ocho personas que pertenecen a algunos de los colectivos más golpeados por las políticas de la Administración republicana cuentan su historia a EL PAÍS
Este martes se cumple un año desde la vuelta a la Casa Blanca de Donald Trump. Han sido 12 meses en los que Estados Unidos y el mundo han vivido pendientes de su figura pública y de su habilidad para dominar el relato a base de inundarlo todo de titulares. En esa constante batalla por la atención global, las historias de los afectados por sus políticas han quedado a menudo en segundo plano.
En el primer aniversario de su toma de posesión, ocho personas cuyas vidas el republicano partió por la mitad han contado su historia a EL PAÍS. Desde uno de los 250 venezolanos a los que su Administración deportó sin juicio previo a El Salvador a la historia de una pareja separada por el miedo de él a ser autodeportado. Y desde una enfermera haitiana que ve su estatus migratorio amenazado al empresario que decidió plantar cara a los aranceles de Trump.
K. Waye fue una de los miles de funcionarios despedidos el 14 de febrero pasado por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de Elon Musk. Con un frío correo electrónico pasó a engrosar lo que se bautizó como la “masacre del Día de San Valentín” en Washington y alrededores, hogar hasta la llegada de Trump de unos 300.000 trabajadores.







