El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una imagen de archivo. EFE/Octavio Guzmán

Esteban Capdepon Sendra |

Nueva York (EFE).- Al comienzo de su primer año retornado al poder, Donald Trump convirtió los aranceles en los protagonistas de su política económica. En los últimos meses, los gravámenes han dejado de ser solo punitivos, para funcionar como una herramienta coercitiva con la que atraer inversión y apuntalar la economía del país, enfocada, sobre todo, en la carrera por el liderazgo contra China, especialmente en el terreno tecnológico y de materias primas estratégicas.

El mandatario, que se autoproclama «el rey de los aranceles», dio un golpe en el tablero económico global el pasado mes de abril al anunciar gravámenes «recíprocos» sobre las importaciones de casi todos los países del mundo bajo la premisa de reducir el déficit comercial con Washington.

Los principales mercados reaccionaron con fuertes caídas al primer gran golpe de efecto del segundo mandato del republicano, del que ahora se cumple un año, pero con el paso de los meses, los primeros acuerdos comerciales revelaron el verdadero sentido de los gravámenes, que van más allá de un simple castigo a sus socios comerciales.