El primer aniversario del segundo mandato del republicano deja un país roto y una escena internacional a merced del ‘show’ impredecible de la Casa Blanca

El 20 de enero de 2025, el próximo martes hará un año, Estados Unidos emprendió una huida hacia el abismo: la segunda huida de Donald Trump.

Han sido 12 meses de vértigo autoritario desde esa toma de posesión. De cruzar un impensable rubicón tras otro sin tiempo para mirar atrás. Un año en el que el mundo entero ha asistido al deterioro, tal vez sin remedio, de una de sus democracias más antiguas, pendiente siempre de la impredecible cabeza del hombre más poderoso del planeta, que resulta ser también uno de los más caprichosos.

El carrusel desbocado de la segunda presidencia de Trump ha avanzado en un tiempo que a menudo pareció una eternidad dando bandazos a merced de los cambios de humor, las amenazas, el clima de venganza, las exageraciones y las mentiras, los insultos y las bromas de dudoso gusto, casi siempre vertidas en Truth, su red social. Y lo ha hecho con una sola certeza: como admitió él mismo la semana pasada en una entrevista, el único límite de su poder al frente de un imperio amenazado por China no es ni siquiera el decoro institucional o las maneras que solían regir la política tradicional, sino su propia “moralidad”.