El Alvia de Renfe apenas tuvo 20 segundos, insuficientes para reaccionar, entre el descarrilamiento del tren de Iryo y la fatal colisión
La tragedia ferroviaria del domingo en Adamuz (Córdoba) carece de explicación oficial con causas cerradas, y el ministro de Transportes, el presidente de Renfe y la dirección de Iryo coinciden en que podrían pasar varios días hasta encontrarse argumentos sólidos sobre el descarrilamiento del tren de Iryo que desencadenó el choque con el Alvia de Renfe que circulaba en sentido contrario. El balance de víctimas asciende por el momento a ...
40 muertos y más de 150 heridos de diversa consideración. Las investigaciones, judicial y técnica, tratan de dirimir en paralelo cuál fue el desencadenante, poniéndose el foco inicialmente en el modelo casi nuevo de Iryo y, especialmente, en un punto crítico en la infraestructura como es el cambio de vía de Adamuz, situado a unos 600 metros del edificio técnico.
Fuentes cercanas a las pesquisas dan mayores probabilidades a un fallo de la infraestructura sin cerrarse a otras posibilidades. Sí dan por descartado el sabotaje.
La fatal cadena de acontecimientos parte de la salida del carril de tres coches del convoy de Iryo (los de cola) a las 19.45 del domingo, cuando circulaba a 205 kilómetros por hora en un tramo recto señalizado a un máximo de 250 kilómetros por hora. Ese tren, con número 6189 y que cubría la línea Málaga-Madrid con 296 personas a bordo, ocupa el sentido contrario de la circulación y provoca la colisión del Alvia 20 segundos después, según estimaciones que el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, ha desvelado en la Cadena SER. Dos coches de este último dufrieron la peor parte del golpe al salir despedidos hacia un terraplén de cuatro metros de profundidad. Resultan especialmente impactadas 53 personas de un pasaje total de 184. El Iryo quedó varado metros después del punto de colisión, cerca de la estación técnica de Adamuz.









