Los cambios emocionales tras el parto pueden desconcertar si no se entienden como parte de un proceso biológico y emocional normal. La visibilización de estas experiencias por parte de figuras públicas contribuye a mostrar una maternidad más real y menos idealizada
“Estoy superfeliz, pero, de repente, no puedo parar de llorar”. “No soy capaz de quitarme la pulsera del hospital”. La influencer María Pombo, con 3,3 millones de seguidores en Instagram, describía hace unos días en sus redes sociales cómo se sentía
astellano-padres-por-tercera-vez.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/gente/2026-01-04/maria-pombo-y-pablo-castellano-padres-por-tercera-vez.html" data-link-track-dtm="">en los primeros días tras el nacimiento de su tercera y, según ella, última hija. Su testimonio ha generado sorpresa en parte del público y una fuerte identificación en muchas mujeres. Y es que según las especialistas en salud mental perinatal, lo que relata la creadora de contenido no es una contradicción ni una rareza, sino una experiencia frecuente en el posparto temprano.
La doctora Blanca Molins, especialista en salud mental perinatal en Tranquilamente, clínica privada en Madrid, explica que el posparto es uno de los momentos de mayor transformación neurobiológica en la vida de una mujer. “El cerebro materno no vuelve al estado previo al embarazo tras el parto. Al contrario, continúa reorganizándose para priorizar el cuidado del recién nacido”, señala. Este proceso, añade, es esencial para la supervivencia del bebé y se acompaña de cambios hormonales intensos que influyen directamente en el estado emocional de la madre.






