Cuando Laura quedó embarazada nunca imaginó cómo cambiaría su situación. “Hay momentos en los que pasan cosas; a veces, todas en el mismo momento... Eso me ocurrió”, cuenta. “No tenía documentación, me acababa de graduar, estaba sin empleo y me quedé embarazada”. A eso se sumaron episodios de violencia de género por parte de su expareja y padre de su hija. “Estaba en un túnel oscuro”, recuerda. Hasta que llegó a un lugar de apoyo que fue su pilar.
Su nombre real no es Laura, pero esta colombiana de 31 años prefirió no compartir su identidad para poder contar su historia. Lo hace desde el local de Preinfant en Madrid, un programa de acompañamiento a la maternidad de la Asociación de Bienestar y Desarrollo (ABD), que en el último año ha atendido a 351 familias. Un lugar que llegaría a ser “luz al final del túnel” durante su embarazo y los primeros meses de su pequeña.
Cuando quedó embarazada su expareja trató de aislarla, no la dejaba trabajar ni tener relación con sus amigos y familia. “Quería enterrarme psicológicamente”, cuenta Laura. Buscó ayuda y llegó a un centro para víctimas de violencia de género, donde estuvo dos meses. Sin embargo, al terminar este tiempo quedó “con las maletas afuera”, sin ningún lugar al que ir. Las residencias donde la derivaron no la aceptaban. Dada su situación, le recomendaron acudir a Preinfant; varias de las mujeres que llegan al programa lo hacen a través de estas entidades o servicios sociales.







