Lo que pasó en el Bernabéu no es para volverse loco: para volverse loco es hacer como si no pasase nada en el club en el que pasa todo todo el rato
Que la afición de un club que presume de máxima exigencia dedique una monumental pitada a su equipo después de ser eliminado por un equipo de Segunda dando una imagen lamentable no es ningún escándalo. Lo escandaloso sería que no hubiese pasado nada: que el equipo hubiese recibido aplausos y la grada hubiese animado a sus jugadores desde el primer minuto; ¿qué humillación hubiera sido esa para el Madrid, para to...
do lo que significa y simboliza el Madrid?, ¿en qué se habría convertido el Bernabéu en caso de inopinado indulto?
Que parte de esa afición vuelque su frustración y responsabilice al presidente, Florentino Pérez, tampoco es escandaloso. Los dos grandes ciclos victoriosos del Madrid han sido esencialmente presidencialistas (un presidente fuerte e intervencionista y estrellas en el campo traídas de su mano), y del mismo modo que se atribuye una cuota grande de responsabilidad en los éxitos, es natural que esa responsabilidad aparezca en las derrotas: lo sonrojante sería la contrario.
Quiero decir que lo que pasó este sábado en el Bernabéu no es para volverse loco: para volverse loco es hacer como si no pasase nada en el club en el que pasa todo todo el rato.







