Los ganaderos argentinos consideran que las protestas de los agricultores europeos son políticas y ven una oportunidad para mejorar sus exportaciones
La carne bovina es un alimento central en las mesas de Argentina. Es la joya con la que la gastronomía local seduce a los turistas y la reina de los asados, el ritual culinario que reúne a familias y a amigos alrededor de una parrilla siempre que se puede. En 2025, cada argentino comió, en promedio, 49 kilos de carne bovina, más de diez veces el consumo español. Los ganaderos argentinos, que destinan menos del 25% de su producción a las exportaciones, defienden el producto local y tratan de minimizar las protestas y anuncios de boicot que llegan desde el otro lado del Atlántico por la reducción de aranceles prevista por el acuerdo Mercosur-UE que se firmará este sábado en Asunción.
En el Mercado Agroganadero de Cañuelas (MAC), el más grande de Argentina, entran cada día entre 5.000 y 10.000 cabezas de ganado bovino que se venden a frigoríficos que luego las comercializan a todo el país. El precio que se fija allí es la referencia para el resto de operaciones de compra-venta en Argentina. En los pasillos del MAC, entre el ruido de las campanas que marcan el inicio de algún remate por parte de los consignatarios, esta semana se percibe un optimismo inédito. El motivo es el precio récord del kilo de novillo, cercano a los tres dólares, y los más de 5,20 dólares que se pagan internacionalmente por kilo carcasa, el valor más alto en décadas. Hacia adelante, el sector ve un horizonte despejado, con la UE como un mercado hacia el que volver a crecer en los próximos años.








