Ariadna Gil protagoniza un espectáculo que se acerca al personaje desde la contemporaneidad, en un montaje internacional de Carme Portaceli
María Magdalena, María de Magdala, a la que ahora dedica un espectáculo que quiere despojarla de tópicos el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) —Maria Magdalena, de la directora Carme Portaceli y con Ariadna Gil en el rôle-titre—, ha tenido un papel secundario y turbio en la tradición cristiana que ha relegado generalmente al personaje al cliché de la pecadora (prostituta) arrepentida, la mujer caída redimida por Jesús. En esto al parecer hubo cierto lío, en buena parte intencionado, porque se mezclaron mujeres distintas de los relatos como la citada María de Magdala (por su lugar de origen, un puerto en el Mar de Galilea), María de Betania (la hermana del resucitado Lázaro y de Marta), y una notoria meretriz de la misma ciudad de Betania que se habría fundido con esta segunda María.
En realidad, la Magdalena original, personaje dudosamente histórico, no presentaba ningún rasgo negativo (en cuanto al pecado de la carne) más allá de haber estado poseída por siete demonios de los que la libró Jesús, y de hecho Mateo, Marcos y Juan la sitúan en sus Evangelios en el lugar de la Crucifixión, zona cero de la nueva fe. Se la tiene además por la única que se atrevió a visitar el sepulcro de Cristo, la que lo vio resucitado —la famosa escena del “Noli me tangere”, no me toques, no me retengas— y la primera en comunicar la buena nueva, tan fundamental para el Cristianismo, de la Resurrección.






