La familia de uno de los cuatro migrantes muertos bajo custodia de ICE asegura que nadie les informó que estaba en el hospital, ni siquiera que estaba enfermo. Ahora piden justicia.

Al mediodía del martes 6 de enero, cuando apostaba por que este fuera un mejor año, Josselyn Yáñez recibió una llamada de un oficial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). El oficial, amable, preguntó quién era ella, si era la hija del señor Luis Beltrán Yáñez-Cruz. “Le dije: ‘sí, soy su hija’”. Luego el oficial le dejó saber que lo lamentaba, pero que su papá, el migrante hondureño de 68 años que permanecía bajo custodia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), había muerto en la madrugada. De un día a otro, su padre ya no era solo su padre, sino uno de los cuatro migrantes fallecidos durante los primeros 10 días de 2026, tras ser detenido por las autoridades de inmigración.

“Le pregunté que cómo, que por qué. Tenía miles de preguntas. No lo podía creer”, dice su hija a EL PAÍS, visiblemente afectada por una muerte que la familia no vio venir. “Estamos destrozados. Yo tenía la esperanza de que mi adorado padre saliera de allí, pero nunca me imaginé que iba a salir de esa manera. Solo espero que a mi padre se le haga justicia, porque cuando lo detuvieron, él no estaba enfermo, él se enfermó estando detenido”.