Los detenidos bajo régimen de aislamiento recibieron la noticia durante la visita semanal de sus familiares
El mundo entero ya había visto en tiempo real a Nicolás Maduro entrando esposado a un tribunal de Nueva York, pero miles de venezolanos seguían creyendo que él y la primera dama, Cilia Flores, aún estaban al frente del país. El mundo sabía también que Maduro se había declarado prisionero de guerra, que Delcy Rodríguez había asumido como presidenta encargada y que Diosdado Cabello patrullaba las calles de Caracas para evitar disturbios. Pero para los venezolanos aislados en cárceles y calabozos, el país seguía siendo el mismo.
Se trata de presos políticos y comunes recluidos en prisiones como El Rodeo, El Helicoide o El Atillo. Sin teléfonos, radios, televisores ni periódicos, se enteraron de la noticia una semana después de que lo hiciera el planeta. Creían que todo seguía igual hasta que el viernes y el sábado llegaron las visitas familiares y, con ellas, las primeras informaciones sobre lo sucedido durante la semana más convulsa desde que el madurismo llegó al poder, en 2013.
Una mujer joven, que prefiere que no aparezca publicado su nombre para evitar represalias, llegó, como todos los sábados por la mañana, a El Rodeo 1 con un paquete de alimentos y una noticia para su hermano bajo el brazo. A pesar del vidrio y de que él llegó encapuchado a la sala de visitas, pudo decirle: “Ya no está Maduro, se lo llevaron los gringos y allá lo van a juzgar. Ahora Delcy es la nueva presidenta”.









