Ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a un incendio devastador y está protegido como pieza histórica viva de Noruega
Muy por encima del círculo polar ártico, en el epicentro del turismo boreal, aparece un diminuto quiosco que resalta entre la nieve por dos motivos: su llamativo color amarillo y las colas que se forman a diario para probar lo que se vende en su interior. Esto ocurre desde 1911 en la ciudad de Tromsø, más concretamente en su calle principal, Storgata, donde desde hace 115 años este lugar se ha convertido en un icono cuasi mundial por sus afamados perritos de reno.
Raketten, que así es como se llama este quiosco y que se traduce al castellano como El Cohete, “nació como un puesto callejero clásico en el que se vendía prensa, bolsas de snacks, algunas bebidas, helados —en la temporada estival— y, sobre todo, golosinas y chocolate, ya que en ese momento había dos fábricas de chocolate en la ciudad”, cuenta Victoria Siri, la actual gerente del local. “En aquel momento, tal y como dicen los más mayores, había tres quiscos, pero Raketten siempre se ha mantenido en el mismo lugar”, amplía.
Su historia es también la historia de Tromsø: ha sobrevivido a dos guerras mundiales, a un incendio devastador y al paso feroz del tiempo ártico. Su fundadora, Margit Løkke, lo abrió en 1911 y lo convirtió en un importante punto de encuentro de la ciudad, convirtiéndose en una de las pocas mujeres emprendedoras de la época. Uno de sus grandes hitos, por el que el Departamento de Patrimonio Cultural del país decidió protegerlo como pieza histórica viva de Noruega, ocurrió en 1969, cuando un gran incendio asoló el centro de Tromsø, reduciendo a cenizas 28 casas de madera de su casco histórico. “Fue un incendio terrible. Todo parecía un paisaje lunar, pero The Rocket Kiosk —así es como se llamaba anteriormente el quiosco—, seguía abierto creando un halo de esperanza entre la población”, explica Victoria Siri, añadiendo que: “Además, fue en el mismo año en el que llegaron a la Luna…”. De esa metáfora nació el apodo: El Cohete. “Por eso ahora lo llaman Raketten”, recalca Victoria con una sonrisa.






