El operador rumano triplica su plantilla mientras que las demás empresas del sector en España encadenan ajustes en los últimos cinco años
La industria de las telecomunicaciones en España vive actualmente una paradoja absoluta en la que, mientras el consumo de datos y la conectividad baten récords históricos, las plantillas de los operadores tradicionales se encogen de forma drástica año tras año, configurando un escenario marcado por la profunda reestructuración y la inestabilidad. En este contexto de máxima incertidumbre para los trabajadores del sector, la operadora de origen rumano Digi ha decidido escribir una historia radicalmente distinta, convirtiéndose en el gran refugio laboral de las telecomunicaciones y consolidándose como el único gran motor disruptor del mercado español tras arrebatar casi un millón de clientes a sus rivales en el último año.
Al cierre de 2025, la compañía ha alcanzado un hito histórico al superar los 10.200 empleados directos en España, un dato que no es aislado, sino el síntoma de un modelo de negocio que apuesta por la internalización y la propiedad de sus activos humanos mientras el resto del sector ha derivado en la externalización de su actividad y se desangra en constantes procesos de despido colectivo.








