Lo peor es la manipulación de intentar convencer al respetable de incoherencias personales como si fuesen rectitudes
La calidad humana se transparenta en los momentos de crisis grave. Y más en un líder político. Es cuando más nos importa si su conducta coincide o contradice los principios y valores que proclama como propios. Y de cuya ausencia acusa a los demás....
Cosa distinta son los cambios de postura política ante circunstancias cambiantes. Pero que exijen explicaciones y rendiciones de cuentas. Muchos gobiernos pecan a la hora de ofrecerlas: destaca en ese defecto el de Pedro Sánchez, desde su relato sobre la Cataluña exindepe al silencio sobre las elecciones extremeñas.
Lo peor es la manipulación de la realidad por la que se intenta convencer al respetable de incoherencias personales como si fuesen rectitudes, de hechos que no lo son, y de culpabilidades mal atribuidas. Erosiona la credibilidad del personaje, y de la institución que encarna. En ello es imbatible el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Su conducta cuadra mal con su ideario, por la inconsistencia vaporosa del mismo o porque recurre a esa indefinición como pócima de sus tensiones internas: entre el cuate de Javier Milei y gentes de pasado moderado como Borja Sémper.






