La ambigüedad del presidente del PP respecto a la impostura del presidente valenciano lastra su propia credibilidad como líder
La solemnidad del funeral de Estado que hoy, exactamente un año después de la tragedia, se celebra en Valencia por las víctimas de la dana se ve empañada innecesariamente por las turbulencias políticas en torno a la figura del presidente de la Generalitat, Carlos Mazón. Que numerosas víctimas le hayan pedido que no acuda, que llegara a ponerse en duda su presencia da una idea del grado de descrédito en el que se ha hundido el máximo representante del Estado en la Comunidad Valenciana después de un año sin asumir la responsabilidad por la negligencia de su Gobierno mientras decenas de personas morían ahogadas, la mayoría atrapadas en acciones cotidianas por no haber sido alertadas del grave peligro que corrían. Sería injusto y triste que, en un acto pensado para que las víctimas sientan el abrazo de todos los españoles, la atención acabe centrada en cada gesto de un político convertido por méritos propios en símbolo de incompetencia y arrogancia.
Mientras España cumple un año de duelo, Mazón cumple un año sin haber respondido sobre lo más elemental: qué estaba haciendo aquella tarde. Es más, ha mentido y modificado su relato varias veces a rebufo de las investigaciones periodísticas. Ha repartido culpas y desafiado las críticas con una altivez indefendible. La impostura de presentarse como un líder al frente de la reconstrucción ha llegado al nivel de ofensa a las víctimas y a todos los valencianos —incluidos los votantes del PP—, que reclaman abrumadoramente en las encuestas su dimisión.








