El duelo no deriva hacia la fase de aceptación, digestión y superación hasta que se desvanecen sus agravantes políticos, causados por la infausta gestión de los gobernantes más directos
Hasta el final, Carlos Mazón ha mantenido su principal valor moral, el engaño, el falseamiento intencionado de la realidad. Su dimisión (en diferido de un año) no es una marcha completa, sino parcial e interesada: como president, pero no como diputado ni como dirigente del PP. Así ...
busca garantizarse sueldo público y protección de aforado.
Su reconocimiento de errores no ha sido tal, sino autoexculpatorio. Alegó que su yerro, “sobre todo” fue “mantener la agenda del día” de la dana. No es veraz: ninguna agenda le obligaba a eclipsarse más de cuatro horas. Ese no estar donde debía, y cambiar 11 veces su explicación (¿alguna cierta?) es la clave de la ruptura del contrato que vincula a gobernante y ciudadanos.
Igualmente enmascara los hechos su protector, Alberto Núñez Feijóo, tan dubitativo como indubitado prestador de su apoyo. Al recibir su renuncia como “una decisión correcta” se contradice a sí mismo, pues pretendía aplazarla. Y si era lo correcto y constituye “una lección” para los demás, ¿por qué no se la exigió antes, cualquiera de los 370 días transcurridos desde la catástrofe?






