Desde la independencia y a contracorriente de la industria musical, el cantante y compositor, exlíder de The Sunday Drivers, publica ‘Mi vida en partes muy pequeñas’ al tiempo que protagoniza una exitosa residencia musical en el Teatro del Barrio de Madrid

Jero Romero (Toledo, 51 años) atraviesa la plaza madrileña del Dos de Mayo, camino del bar citado en Malasaña, a paso lento, con las manos en los bolsillos, rodeado de cierto aire contemplativo. Es como si anduviese fijándose en esos detalles insignificantes que, en el fondo, guardan un universo dentro. Esos mismos detalles que revolotean en sus composiciones como pájaros li...

bres que juegan a buscar en su vuelo un sentido a todo un sentimiento, a una emoción lo suficientemente importante como para obsesionarse con ella hasta convertirla en canción. “Para mí, las canciones son actos completamente de ensimismamiento y muy solitarios”, confiesa ya sentado en el bar.

Asentado en su carrera en solitario, dejando ya bastante atrás los años con The Sunday Drivers, Romero ha publicado un nuevo trabajo que bien enlaza con su gusto por los pequeños detalles, es decir, por todas aquellas cosas que demuestran que no siempre hay que ir “a por algo más grande”. El título de este trabajo es Mi vida en partes muy pequeñas, un EP de cuatro canciones que, aparte de una deliciosa obra de orfebrería pop como Cabeza de león (2011) o Miracaloso (2022), es una declaración de intenciones: “Hay una filosofía de no necesitar crecer. Esa cosa de que un disco parece que tiene que llevarte a algo mayor, igual que un concierto o una gira. Esa ambición no está en mi carácter”. Por tanto, los detalles, como las partes pequeñas de la vida, son los que marcan el ritmo de un músico que evita tener presiones propias del funcionamiento de la industria: “Mi manera de ver la vida está muy fuera de ese modo de trabajar en las discográficas”.