El cantante llegó al Movistar Arena de Madrid con un plan que se quedó a medias: estrenar disco nuevo ante miles de personas. El álbum no está terminado, pero el artista reveló su posible título y probó varias canciones inéditas que dibujan su próxima etapa
Ralphie Choo abrió su concierto en el Movistar Arena como si fuera a presentar una obra del siglo XIX. Nada de explosiones, ni pantallas gigantes, ni bases pregrabadas retumbando desde el primer segundo. Sobre el escenario, una banda que parecía rescatada de una sala de música antigua: flauta travesera, marimba, piano y un violín eléctrico, junto a varios sintetizadores electrónicos. Como si acabasen de salir de un cuadro barroco, poco a poco fueron introduciendo unos bombos que migraron hacia una sesión de club.
El contraste era evidente: miles de veinteañeros esperando a uno de los nombres más inquietos del nuevo pop nacional y la cosa empezaba con una obertura digna de Chopin. O de Ravel. O de cualquier compositor que jamás imaginó que, siglo y medio después, su espíritu acabaría mezclado con reguetón y trap. Porque eso es Supernova (2023), el primer (y hasta ahora único) disco de Juan Casado Fisac: una explosión donde conviven el pop melódico, la música urbana, el techno, el reguetón, la rumba y armonías que recuerdan al Romanticismo musical. Lo sorprendente es que esa mezcla no suena forzada. En manos del madrileño, lo académico y lo callejero coquetean como si siempre hubiesen sido mejores amigos.






