Este largo camino, que en la Segunda Guerra Mundial resultó crucial para el desplazamiento de las tropas y en los setenta se consagró como la escapada por carretera por excelencia gracias a hippies y motoristas, está plagado de curiosas paradas, algunas muy breves

“Si alguna vez planeas conducir hacia el oeste, viaja a mi manera, toma la mejor carretera, diviértete en la Ruta 66”, cantaban Nat King Cole y The Rolling Stones. Pero la conocida como la “carretera madre”, y así lo mostró John Steinbeck en Las uvas de la ira (1939), no siempre fue alegre. La también llamada “calle Mayor de América” nació en 1926 para unir Chicago (Illinois) con Santa Mónica (California) a través de los Estados de Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México y Arizona. Durante la Segunda Guerra Mundial resultó crucial para el desplazamiento de tropas; en los cincuenta y sesenta vivió el auge de las vacaciones familiares y saltó a la tele con la serie Ruta 66; y en los setenta, hippies y motoristas la consagraron como el road trip por excelencia. En los ochenta, el plan de autovías rápidas le pasó por encima hasta eliminarla del mapa. Desde entonces, sobrevive gracias a las asociaciones locales defensoras de la Historic Route 66 y a viajeros llegados de todo el mundo.