Los ‘gunners’, de más a menos, firman las tablas con el conjunto de Slot y sacan seis puntos al City y Villa

Tablas entre el Arsenal y el Liverpool (0-0) para explicar que algo sucede en el norte de Londres y no es la típica tonadilla, esa en la que el conjunto gunner rebaja el suflé cuando llega la cuesta de enero, después de arrancar el curso como una exhalación para darse de bruces con la realidad, que su juego es más bonito que eficiente. Aunque durante dos décadas con Wenger se lograron dobletes de Liga y Copa (1998 y 2002), además de la Premier de 2004 sin conceder una sola derrota y su única final de la Champions en 2006 frente al Barça, el Arsenal no fue capaz de despegarse del todo del apelativo de segundón, siempre a la estela del United y el Liverpool. Con la llegada del City a la élite se agravó la situación, acentuada en los últimos tres cursos, cerrando la liga en el segundo escalón. Así que durante lustros, el juego convencía hasta que el balón dictaminaba la jerarquía, con el Arsenal por detrás y sin un título desde 2005, lejos de la época del Boring-Boring Arsenal tras Herbert Chapman en los años 30, cuando vencía de forma rácana. Pero vencía.

A los hinchas del Arsenal, como explicaba Nick Hornby en Fiebre en las gradas, les encanta presumir de equipo en las buenas y en las malas. Aunque ahora, después de que Arteta asumiera el mando y también el mantra del segundón a regañadientes, el runruneo se deshace con el paso del tiempo, equipo de fútbol hermoso y casi siempre eficiente, al punto de que la Premier ya no es un deseo efímero sino una terquedad, incluso después de empatar con el Liverpool. Se pide esta liga el Arsenal —quién sabe si la Champions, donde acumula tantos triunfos como duelos— para desasosiego del City de Guardiola y el Aston Villa de Emery, seis puntos por detrás.