Europa empieza a diseñar una estrategia de seguridad para después de la guerra en la que España debe participar
Dos pasos atrás, uno adelante. Todavía bajo las sorpresas en cadena de la detención de Nicolás Maduro y de la confirmación de
rancia-alemania-y-otros-paises-de-europa-preparan-un-plan-para-responder-a-las-amenazas-de-trump-sobre-groenlandia.html" data-link-track-dtm="">las apetencias territoriales de Trump sobre Groenlandia, la Casa Blanca ha cerrado filas en París con la llamada Coalición de Voluntarios para organizar el despliegue de una fuerza multinacional en Ucrania para un eventual escenario posterior a un acuerdo de paz con Rusia. Los enviados especiales de Trump, Steven Witkoff y Jared Kushner, convocados por el presidente francés, Emmanuel Macron, junto a dirigentes de 35 países, incluida España, acordaron con Volodímir Zelenski los términos de las fuerzas de aseguramiento de la paz, e indirectamente insuflaron algo de vida al lazo transatlántico, tan maltratado por Trump, e incluso a la Carta de Naciones Unidas, enfáticamente evocada en la declaración final de la cumbre, a pesar de haber sido vulnerada por Washington días antes.
Queda así todo dispuesto, aunque solo a nivel declarativo, sobre la participación que tendrán los voluntarios europeos en la paz desde el día siguiente que se firme. La decisión impulsa el acuerdo ya negociado entre Washington y Kiev, y refuerza la posición de esta última con vistas a la posible negociación final con Putin, que girará esencialmente sobre el estatus de Donbás y el control de la central nuclear de Zaporiyia. Si la parte rusa rechaza la última versión del plan no será por falta de voluntad de la coalición ni por los estadounidenses, sino por el veto de Putin a cualquier sistema de garantías y esencialmente a la presencia de tropas de países de la OTAN sobre el territorio ucranio, ni siquiera en la retaguardia como está previsto, porque ese escenario haría muy difícil o imposible una nueva invasión de Ucrania.







