Moscú busca comprobar la efectividad de la solidaridad entre los aliados de la OTAN. Si constata su inutilidad, se haría con la llave estratégica de la seguridad continental

Todas las alertas están en rojo. Respecto a Ucrania, por supuesto, sometida a la máxima presión para que acepte cesiones territoriales, hipoteque su soberanía y su capacidad de defensa y se resigne a vivir desprotegida, bajo la amenaza de una nueva ofensiva rusa con la que Putin corone su incorporación a la esfera de influencia rusa, sea por las armas, sea por la instalación en Kiev de un presidente títere al estilo de Bielorrusia como

href="https://elpais.com/opinion/2025-11-23/esta-paz-trumpista-dinamita-el-lazo-transatlantico.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/opinion/2025-11-23/esta-paz-trumpista-dinamita-el-lazo-transatlantico.html" data-link-track-dtm="">efecto del plan de paz trumpista.

También están encendidas para el conjunto de Europa, que no puede cerrar los ojos ante las ambiciones hegemónicas de Putin, más allá de Ucrania e incluso de los países que antaño formaron parte de la Unión Soviética, caso de las repúblicas bálticas, o del Pacto de Varsovia, caso de Polonia. A pesar de que sean menos perceptibles para la mayoría de los europeos, afectan al conjunto del continente, pretenden erosionar e incluso destruir su sistema institucional e incluyen preparativos para una guerra europea a gran escala, según el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), en un estudio en el que han participado nueve think tanks de 10 países, ninguno de España, sobre la actual correlación de fuerzas entre Rusia y Europa en caso de que estallara tal conflicto.