Cada vez es más amplia la oferta de espacios de ocio tradicionalmente enfocados en experiencias colectivas que destinan sus servicios a particulares. Su éxito demuestra que, para muchos, el disfrute consiste en estar con su círculo cercano, no en ampliarlo
Las escenas de karaoke en las películas suelen dejar huella. Seguro que alguno se identificó con Joseph Gordon-Levitt desafinando, borracho, en un bar abarrotado de gente en (500) días juntos, mientras intentaba impresionar a una chica; o con Renée Zellweger en El diario de Bridget Jones, cuando el personaje que interpreta s...
e desgañita con Without You en la fiesta de empresa delante de sus compañeros y de su jefe. Es más complicado reconocerse en la escena de Scarlett Johansson en Lost in Translation, no tanto porque ella canta bien, sino por el ambiente de la sala de karaoke de Tokio en la que está con Bill Murray: recogida, íntima, privada. Hasta hace poco, un sitio así solo parecía posible en la ajetreada capital de Japón, pero ahora se puede emular la escena en España. Y ni siquiera es ya algo excepcional. “Desde que abrimos en España hace seis años, no hemos parado de crecer. El año pasado tuvimos más de 100.000 clientes entre los dos locales que tenemos en Madrid. Al final, es un concepto que cada vez se conoce más y a la gente le gusta mucho”, explica Álvaro Mazón, country manager de BAM Karaoke Box.






