Lejos de guetos decimonónicos, los centros actuales ofrecen espacios para el intercambio de ideas profesionales y negocios fuera del alcance de la mayoría
Los clubes privados, esos espacios que mezclan el “crear contactos” de siempre, con una identidad propia, —por ejemplo, centros sólo para mujeres— están en auge. Son una radiografía, de una parte, de la actual sociedad española. A la búsqueda de una “exclusividad” distinta, en la que el dinero pese menos que las habilidades profesionales, ahora intentan incluir a
024-07-10/creativos-del-mundo-unios-en-la-piscina-de-algun-soho-house.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/eps/2024-07-10/creativos-del-mundo-unios-en-la-piscina-de-algun-soho-house.html" data-link-track-dtm="">nómadas digitales o expatriados.
El manifiesto de Vega, un club apadrinado por el futbolista Cristiano Ronaldo (a través de Mabel Hospitality) y el empresario Íñigo Onieva en Madrid, empieza así: “Somos quienes tenemos algo que decir”. Ofrecen, dicen, privacidad, “pero también autenticidad, tranquilidad y comunidad”. Entrar depende de la invitación de uno de sus miembros fundadores, que aportaron 15.000 euros cada uno. La cuota anual es de 2.400 euros (1.500 para los menores de 35 años).






