Directores y miembros de diversos espacios exclusivos desmienten las palabras de Íñigo Onieva y reivindican la importancia de la migración en el auge de estos negocios
La polémica se mueve en los salones exclusivos de Madrid. Estos días, en los móviles de algunas de las personalidades latinas más ricas e influyentes de Madrid, los mensajes van y vienen. Cunden la sorpresa y la indignación. El motivo no es otro que unas polémicas palabras pronunciadas por Iñigo Onieva, marido de Tamara Falcó. Recogidas por el periódico El Mundo con motivo de la apertura del club privado Casa Vega, viene a decir que su espacio, supuesto refugio del aristócrata español de toda la vida, “no queremos que se convierta en el club de los latinoamericanos”. Es decir, Onieva prefiere que no haya tantos latinos en su club.
Las respuestas afloraron casi de inmediato. La colombiana Verónica Durán, empresaria y una de las latinas más influyentes para la revista Forbes durante tres años consecutivos, cree que el auge de estos clubes privados en la capital se debe precisamente a la migración latina con dinero, que no ha hecho más que impulsarlos en los últimos años. “Es verdad que los españoles ya tienen sus clubes de toda la vida, como el Club Puerta del Hierro o el Casino de Madrid”, empieza explicando. Sin embargo, ahonda Durán, la proliferación de espacios exclusivos que vive la capital en los últimos años solo se puede entender como consecuencia de una migración latina cada vez más poderosa e influyente: “Es un tema aspiracional. Quieres encontrarte con lo más selecto de la sociedad, pero a ese cliente también le interesa codearse con la alta sociedad española”. Casa Vega es un lugar para ir a ver y ser visto.






