El delantero sostiene con un ‘hat trick’ a un equipo que, tras ir por delante, perdió el control ante el Betis

A veces no se sabe si este Real Madrid está al principio o al final. Tampoco está claro qué es mejor. O peor. Contra el Betis dejó rasgos con aires a lo que mostró en el Mundial de Clubes, con ritmo, estructura y Gonzalo marcando todo lo que le caía. El equipo de Xabi Alonso desprendía ese aroma, pero en el mismo partido tembló con la ternura del que está empezando. Perdió el control cuando ganaba 3-0 y volvió a emitir que se había olvidado todo de repente y se le podía escapar esa ventaja en dos apretones del Betis, ante el que solo se interpuso Courtois. Entonces, en la marejada extrema, volvió a aparecer Gonzalo, tan joven, tan entusiasta, tan letal. Tan olvidado. Cuando se fue sustituido, el Bernabéu lo despidió en pie, entregado.

La puntería del chico había sostenido al Madrid en su pelea por la Liga con el Barça. También a Xabi en su empeño por mantener a flote el proyecto, que tiene el jueves en Yeda otra prueba límite con la semifinal de la Supercopa de España contra el Atlético.

Siguen respirando después del susto, después de un comienzo que anunciaba que todo iba a ser distinto. Sacaron su versión comprometida. Sobre todo Vinicius, que se fue pitado del Bernabéu antes de las vacaciones y se lanzó a ahogar aquel descontento. Las tres primeras veces que recibió la pelota encaró a Ángel Ortiz y le dejó atrás. Contra el joven lateral recién llegado a la élite, el brasileño era de nuevo aquel bailarín preciso e inalcanzable. Bajo el hechizo, la grada olvidó un rato el descontento, pero volvió a despedirle silbando.