Pekín y Caracas elevaron en 2023 su vínculo estratégico, pero este no implica un compromiso en materia de seguridad
Durante casi dos décadas, China ha sido para Venezuela algo más que un socio comercial: un respaldo político clave, un salvavidas financiero en los peores años de sanciones y un aliado dispuesto a desafiar el aislamiento impuesto por Estados Unidos. Pero la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por fuerzas estadounidenses en la madrugada del sábado ha puesto a prueba como nunca antes la solidez de la asociación estratégica entre Pekín y Caracas. Y aunque el gigante asiático ha reaccionado con un rechazo frontal al “comportamiento hegemónico” de Washington y ha exigido la “liberación inmediata” de Maduro y su esposa, Cilia Flores, existe un amplio consenso entre los analistas de que su respuesta no pasará del terreno retórico.
“China expresa su profunda conmoción y condena enérgicamente el uso temerario de la fuerza por parte de Estados Unidos contra un Estado soberano y las acciones dirigidas contra el presidente de otro país”, manifestó el Ministerio de Exteriores chino en un breve comunicado publicado unas ocho horas después de que comenzaran las explosiones en distintos puntos de Venezuela, incluida la capital. Este domingo, la Cancillería china ha pasado a instar a “garantizar la seguridad personal del presidente Maduro y de su esposa, a liberarles de inmediato y a cesar las acciones destinadas a subvertir el régimen venezolano”. También ha pedido “resolver las diferencias mediante el diálogo y la negociación”.








