Las empresas creen que a los universitarios nacionales no les falta formación, pero sí destrezas para innovar, resolver problemas o aplicar pensamiento crítico
“Recuerdo cuando le dije a mi madre que dejaba Google y me iba a emprender. Casi se muere. Para ella emprendían los que no conseguían trabajo”. Quien habla es el barcelonés Albert Nieto, de 40 años, economista formado en la Universidad Pompeu Fabra y uno de los dos fundadores de Seedtag, una multinacional de publicidad digital sin cookies con casi 800 trabajadores y que hace tres años costaba 500 millone...
s de dólares. Su hermano también ha triunfado con una ginebra producida en México. Pero el caso de los hermanos Nieto es particular. En el año 2000, el 35% de los encuestados españoles reconocía el temor al fiasco empresarial frente al 51% de un cuarto de siglo más tarde, según el informe del Observatorio del Emprendimiento de España 2024/2025. Se abre el debate. ¿No hay iniciativa porque falla la educación recibida? ¿Es un problema cultural?
De 51 países, España ocupa el puesto 31 cuando a los entrevistados en el estudio se les pregunta si el miedo al fracaso limita que emprendan. “En España se ve al emprendedor como alguien que quiere dar el pelotazo. Hay un sentimiento de que si le va muy bien, algo habrá hecho mal. Y el fracaso se penaliza más que en Estados Unidos”, cuenta el empresario madrileño Miguel Fernández Larrea, CEO de Capchase, una empresa que da financiación a otras que quieren comprar productos. “Uno de los perfiles que más se busca en las empresas americanas es gente que haya emprendido y haya fallado. Tienen una iniciativa, una ambición, una forma de tirar barreras abajo que es difícil de conseguir y que en España se valora muy poco”.






