Un grupo de estudiantes, arropados por la Fundación Bofill, entregan cartas a los diputados del Parlament para reclamar más inversión en becas y orientación a estos alumnos

La adolescencia es de las etapas más complicadas a nivel de salud mental. También lo fue para Eilel. De pequeños, asegura, le “fascinaba” aprender, pero la cosa cambió en el instituto. “Era una desmotivación constante. Era feliz en la clase de matemáticas, pero no asistía a la siguiente”, comenta. “Era un niño callado y los profesores optaron por no preocuparse, pensaban que simpleme...

nte no me gustaba estudiar”, lamenta. Acabó repitiendo 4º de ESO y entonces conoció a la figura que le cambiaría la vida: la orientadora. “Me dijeron que era un caso perdido, que no servía para estudiar. Ahora soy técnico en Farmacia”, remata Eliel.

Este joven de 20 años de Barberà del Vallès explica su experiencia con cierta pesadumbre, ya que, a pesar de que él logró salir del túnel, se considera un “afortunado” porque se pudo pagar un psicólogo que le ayudara. “Tengo muchos compañeros que se ven destruidos y abandonan los estudios en 2º de ESO, si hubieran recibido ayuda hubieran continuado”, explica. Eilel lamenta que durante su etapa en el instituto nadie le preguntó lo que le pasaba ni le ofreció ayuda.