El guardameta, en el foco por su regreso al RCDE Stadium, que lo recibió con pitadas, es protagonista por su gran actuación para sostener al Barça

Joan García saltó a calentar unos 45 minutos antes del inicio del partido. En el césped, fue el primero en aparecer junto a Ter Stegen y Szczęsny. El foco de todos los aficionados que le vitorearon en el pasado estuvo sobre él, esta vez en forma de pitos. El ruido era ensordecedor, y el estadio aún estaba medio vacío. Era un breve y minúsculo anticipo de lo que viviría durante 90 minutos: cada toque, parada o despeje era una oleada de silbidos.

El guardameta de Sallent (provincia de Barcelona), que ya era consciente de que tendría que superar el mal trago durante dos horas, salió con plena confianza en su calidad. Y lo demostró, evitando a toda costa cada disparo entre sus tres palos a pesar del ambiente asfixiante, los insultos y los carteles con ratas dibujadas que uno de los goles del estadio le había preparado.

De la afición le separaban dos grandes redes tras las porterías. Y Joan no sucumbió al ruido del RCDE Stadium, su antiguo hogar durante nueve años. Hasta el verano pasado, cuando el Barcelona pagó los 25 millones de su cláusula de rescisión: atajó durante el derbi un total de seis disparos a puerta.