Las paradas del portero azulgrana fueron decisivas para que el Barcelona subrayara su liderato con los goles de Olmo y Lewandowski en el tramo final ante un expansivo Espanyol

Nunca el cartel de un derbi había estado tan justificado como el disputado esta noche en el RCDE Stadium. El protagonista de principio a fin fue Joan García. El portero afirmó al Barça y negó al Espanyol. Una manera de justificar por qué cambió de equipo, hoy villano para la hinchada blanquiazul y héroe de la afición azulgrana, ausente por cuestiones de seguridad del estadio de Cornellà-El Prat. El arquero sostuvo a su equipo para que Olmo y Lewandowski marcaran las diferencias en el tramo final de un encuentro en que el oportunismo y contundencia barcelonista pesó más que el deseo del Espanyol, vigoroso y expansivo futbolísticamente, víctima un año más de la fatalidad cada vez que recibe al Barça en el RCDE Stadium.

A la tremenda carga ambiental respondió Joan García con un ejercicio de serenidad y aplomo, siempre concentrado, decisivo en hasta seis paradas, para que su equipo pudiera refrendar el liderato y sumar su novena victoria consecutiva desde que cayó en el Bernabéu. El control emocional del portero pesó más que la excitación de un Espanyol embalado después de contar cinco triunfos que han despertado sus ilusiones por alcanzar Europa. Las aspiraciones se mantienen porque no hubo un solo reproche por su actuación ante un Barça que administró sus recursos con vistas a la próxima Supercopa.