El ganador del premio Goncourt y autor de una decena de novelas ha pasado seis semanas en el museo dentro del programa de residencias para escritores
Historias dentro de historias: la de la escena que narra una pintura; la del artista que plasmó esa imagen; la de los materiales que empleó; la del objeto mismo, sea tabla o lienzo, y su marco; o la que ha recorrido una obra de arte desde el taller donde fue realizada hace siglos hasta las salas o almacenes del Museo del Prado. Todos estos relatos han cautivado al autor Mathias Enard (Niart, Francia, 53 años) en las seis semanas que ha pasado en la residencia para escritores de la pinacoteca madrileña,
eps/2024-03-17/chloe-aridjis-una-escritora-hechizada-por-el-prado.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/eps/2024-03-17/chloe-aridjis-una-escritora-hechizada-por-el-prado.html" data-link-track-dtm="">un programa, Escribir el Prado, que ya va por su sexta edición y que cuenta con el apoyo de la Fundación Loewe.
El museo de su infancia fue el Louvre, que visitó con uno de sus abuelos, el mismo que escribía ensayos y le presentó de niño a Marguerite Duras. Su otro abuelo, paracaidista, combatió en la II Guerra Mundial, en Indochina y Argelia, aportó el misterio de la violencia y la acción al mundo creativo de Enard, ganador del premio Goncourt hace una década por Brújula y cinco años antes del Goncourt de los estudiantes por Habladles de batallas, de reyes y elefantes. Al Museo del Prado, Enard recordaba que llegó en la década de 2000, cuando trasladó su residencia a España, en concreto a Barcelona, donde aún tiene su casa y un restaurante de cocina libanesa, Karakala. Pero este autor estudió persa y árabe y ha vivido en Alemania, Italia, Siria, Líbano, Egipto e Irán. Su aire tranquilo esconde una querencia por la aventura que sabe trasladar a la página.






