Ambas ficciones de Apple TV plantean una pregunta esencial sobre la comprensión del espacio: ¿qué queda de la ciudad cuando ya no queda nadie que la necesite?
Hay una escena en el tercer episodio de Pluribus, la nueva serie de Vince Gilligan para Apple TV+, que se queda adherida a la memoria como un recuerdo equivocado. Un supermercado, una disposición perfecta de estanterías, un orden que cualquiera reconocería porque pertenece al linóleo cotidiano: pasillos, latas, cajas, etiquetas, el tipo de geografía menor que sostiene la vida sin reclamar significado. Pero resulta que todas las baldas de ese supermercad...
o están desnudas. El orden del mundo, condensado en esa configuración tan mundana, ha sido desmontado. No por un acto de vandalismo ni por una urgencia operativa; es un acto de pura eficiencia. La humanidad unificada —una mente colmena que solo procesa, no piensa— ha vaciado el espacio para optimizar la distribución de bienes. Ha convertido el supermercado en un hangar logístico, en un algoritmo tridimensional. Un espacio sin intención estética, sin recorrido, sin mirada. Y luego lo vuelven a colocar todo tal y como estaba, en apenas unas horas. Tampoco lo necesitan así; es que Carol se lo ha pedido.






