Cuando cualquier espectador aficionado, al menos quien esto escribe, podía echar de menos el fanatismo y la creación de sectas y la aparición de visionarios que siguen a cualquier hecatombe (tratados, quizás, como nunca en la inolvidable The Leftovers) la tercera temporada de Invasión en Apple TV+ desarrolla, sobre todo a partir de su segunda mitad, una potente trama al respecto, metida con acierto y equilibrio dentro de un ritmo que no se ha olvidado de la acción y más centrado que al principio en dos hilos argumentales a los que añaden una perspectiva atrevida.

Si antes la serie de Simon Kinberg y David Weil se fijaba más en los humanos que en los alienígenas, y en su reacción ante la amenaza destructora más que en la propia invasión, ahora se vuelve hacia el interior de cada uno de los héroes y heroínas en busca de una verdad. El primer capítulo, al que se sumará uno cada semana hasta los 10 que conforman la temporada, se estrenó este viernes. Un aviso: esta crítica contiene, a partir de aquí, destripes de las dos primeras temporadas.

La acción se sitúa dos años después de que acabara la presencia alienígena en la Tierra (asunto que ocupa las primeras entregas de una manera original y compleja). Hay algunos aliens sueltos, pero basta con las patrullas de cazadores para eliminarlos. En teoría, se ha vuelto a la normalidad: una entidad global gobierna como puede el mundo, hay fiestas que celebran el fin de la tragedia, ha vuelto el fútbol… pero la alegría dura poco.