Ingeniero industrial de formación, se hizo ebanista al ver que si seguía por esa senda todo su trabajo sería en un escritorio. Con sus piezas busca evadir la urgencia que impregna la vida y el consumo de hoy en día

Mike Hausmann (Barcelona, 32 años) reconoce que su vocación de ebanista no le viene de familia, sino que nace de una necesidad: saber hacer. Sus seis años de formación como ingeniero industrial le enfrentaron con la que, por entonces, se atisbaba como su realidad profesional: “Hoy en día es todo informática. Antiguamente, los ingenieros y los arquitectos eran quienes construían los puentes y las casas, no solo quienes las diseñaban. Me faltaba esa parte de tocar y la necesidad de sentirme útil”, comenta en la entrada de su taller en el barrio de Gràcia en Barcelona. Este espacio de trabajo que él ahora ocupa —junto a otros dos jóvenes ebanistas— fue, en tiempos, la Carpintería Isidoro. En el local está la imponente presencia de la maquinaria industrial; hay piezas acabadas, otras a medio hacer y bastante materia prima recién llegada del aserradero. “No te puedes imaginar la gente que viene al taller buscando una oportunidad. Te hablo de economistas o abogados que quieren dar un cambio a su vida”, cuenta al respecto de cómo su espacio de trabajo es visto, por algunos, como una válvula de escape que podría reconfigurar la realidad laboral.