Las autoridades europeas trabajan para afinar la normativa con legislaciones paralelas. Las ‘stablecoins’ multiemisión, la licencia de servicios de pago y la supervisión de la ESMA estarán al centro del debate en 2026

Completo, ambicioso y exigente, pero también estricto y en parte, obsoleto. El reglamento europeo MiCA, el primero en poner orden al ecosistema cripto en el Viejo Continente, obliga a mirar las dos caras de la moneda. Ha sido pionero, y ha acelerado la aprobación de otras leyes que regulan el espacio como el Genius Act en Estados Unidos. También ha sentado las bases para que la gran banca aterrizara en el mundo cripto, fijando en toda la Unión Europea unas reglas del juego comunes. Esta ruptura con la fragmentación normativa ha supuesto un baño de realidad que Bruselas quiere contrarrestar con una vuelta de tuerca en la integración. Como dejar la vigilancia de un mercado transfronterizo (en este caso, el cripto) a cada jurisdicción no garantiza una aplicación equilibrada, la Comisión ha propuesto la centralización del control en manos de la autoridad europea, la ESMA, cuyo cometido inicial era solamente de coordinación. En pleno desarrollo de la unión del mercado de capitales, ángulo clave para que la UE afronte sus necesidades de inversión, las criptos son un banco de pruebas.