Una calle de la ciudad de Marrakech (Marruecos). EFE/Fatima Zohra Bouaziz
Fatima Zohra Bouaziz |
Marrakech (Marruecos) (EFE).- Es impensable hacer turismo en Marrakech sin pernoctar o comer en un riad. Estas casas tradicionales, con una arquitectura característica, van dejando de ser hogares familiares y, en dos décadas, se han transformado en hoteles, convirtiéndose en uno de los productos turísticos más representativos de la ciudad ocre marroquí.
Estas casas antiguas, con un patio interior con jardín o fuente y ventanas que miran hacia dentro, se encuentran en el casco histórico de Marrakech, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985. La medina se extiende sobre 600 hectáreas, con callejuelas laberínticas y rodeada por una muralla de cerca de 19 kilómetros.
Barrios históricos como Bab Doukkala, Mouassine o Laqsour u otros en la medina están ya dominados por riads turísticos, y apenas quedan viviendas habitadas por familias marroquíes.







