Esa democracia y esa libertad del trumpismo, incompatibles con el orden europeo basado en reglas, son divisivas y excluyentes, mera fachada que en poco se diferencian de los conceptos bolcheviques

Para los autócratas digitales la libertad es la ausencia de ley. No admiten regulaciones del mercado para garantizar los derechos de los usuarios, proteger a la infancia, dificultar el discurso del odio o limitar los abusos de sus monopolios. No lo permiten en Estados Unidos, pero tampoco piensan tolerarlo en Europa, donde cualquier iniciativa que limite los márgenes de acción de sus empresas

-a-dirigentes-que-han-atacado-el-discurso-de-odio-en-internet.html" data-link-track-dtm="">se considera un atentado a la libertad de expresión e incluso una intromisión en la soberanía de la superpotencia americana.

Su libertad no es para los ciudadanos, sino para los multimillonarios. A la famosa e insidiosa pregunta de Lenin, las tecnológicas estadounidenses y el Gobierno de extrema derecha que tan bien las representa responden al unísono con similar cinismo de corte totalitario. ¿Libertad para qué? Para un beneficio económico sin límites, para situar a Donald Trump en la Casa Blanca o para evitar que las democracias liberales europeas unidas establezcan límites a su codicia.