Las grandes fortunas y las multinacionales pagan un tipo efectivo de tributos muy inferior al ciudadano medio. Hacen un “sinpa” al resto, al tiempo que se siguen beneficiando de los servicios públicos y de contratas millonarias
En estas fiestas, el amigo invisible vuelve a reunir a familias, colegas de trabajo y amistades. El funcionamiento es tan sencillo como justo: cada persona hace un regalo y, a cambio, recibe otro. Nadie queda fuera, nadie recibe más de lo que pone. En la vida real, celebramos una suerte de amigo invisible cada día. Pagamos impuestos según nuestros ingresos y hacemos uso de los servicios públicos según nuestras necesidades. A pesar de su enorme complejidad en cifras, porcentajes, modalidades, territorios, en realidad el fundamento es igual de sencillo, damos algo a cambio de recibir unos “regalos”, en este caso absolutamente necesarios para nuestro día a día, en particular para los más desfavorecidos.
Sin embargo, hay una minoría que elude su responsabilidad y participa de una forma muy particular de este amigo invisible y que desde la Plataforma de Justicia Fiscal hemos denominado "SINPÁticos“. Son esos y esas que disfrutan sin límites de los regalos comunes —infraestructuras, sanidad, educación, seguridad, transportes—, pero cuando llega el turno de aportar, inventan mil y un trucos para no poner lo que les toca. Son las grandes empresas multinacionales y las inmensas fortunas personales que, gracias a una compleja ingeniería tributaria, guaridas fiscales y engaños sobre dónde generan de verdad sus beneficios, encuentran una grieta para no pagar su parte. Pero ese no pagar la cuenta no lo hacen en ningún establecimiento concreto, sino que nos lo dejan a deber al resto, impidiendo que nuestros servicios públicos mejoren y que el reparto de las cargas comunes sea más justo.






