La crisis blanca empuja a Xabi Alonso a la agonía, víctima de males que ya sufrió Carlo Ancelotti y de un debilitamiento de su autoridad desde el ‘caso Vinicius’
Carlo Ancelotti tardó muy poco la temporada pasada en alertar a su equipo de ayudantes que no habría nada que hacer si el compromiso defensivo de los jugadores seguía bajo mínimos. No era solo una sensación ni la intuición de un hombre que las había visto de todos los colores, sino una conclusión a partir de los datos que manejaban en el cuerpo técnico. Veía los kilómetros que recorría el equipo en cada partido, los esfuerzos a alta intensidad, los comparaba con los rivales y la lectura era pesimista. No se equivocó. ...
Se hartó de pedir en público y en privado a los delanteros un mayor sacrificio hacia atrás, pero sin éxito. Vinicius, señalado el sábado por una parte destacada del Bernabéu, difunde entre las gentes del fútbol que él no está para correr. Y a Mbappé, cuyos goles son imprescindibles hasta contra el Talavera, nunca se le pasó por la cabeza esa idea.
Dieciséis meses después de aquella advertencia de Carletto, el Madrid ha entrado en caída libre, víctima de falta de esa actitud, y también fútbol y química interna. Bajo el mandato de Xabi Alonso, al viejo problema del esfuerzo le acompaña otro antiguo (la escasa generación de juego) que ya sufrió Ancelotti, y uno nuevo (el poco feeling entre el nuevo técnico y algunas estrellas). La consecuencia es un equipo que no coge aire ni cuando gana (Alavés, Talavera y Sevilla) y un entrenador instalado en el abismo, cuya autoridad quedó seriamente dañada desde la falta de apoyos del club al desafío público de Vinicius en el clásico. Cada vez más empequeñecido, él tampoco ha encontrado las respuestas a las carencias del equipo.






